Los perros se comunican con la postura, el movimiento y la distancia que eligen mantener. Aprender a observarlos ayuda a ajustar nuestras decisiones antes de insistir en una situación que les resulta difícil.
Un perro puede apartar la mirada, alejarse, detenerse, lamerse el hocico, bostezar o cambiar la posición del cuerpo. Ninguna de estas señales tiene un significado único por sí sola: también puede bostezar porque tiene sueño o lamerse por otros motivos. Fíjate en qué estaba ocurriendo, qué otras señales aparecen y si puede retirarse.
Por ejemplo, si una visita se acerca y el perro gira la cabeza, retrocede y se queda rígido, dale más espacio. No hace falta esperar a que ladre para respetar esa distancia. En cambio, un bostezo mientras descansa tranquilamente no permite concluir que esté estresado.
Observa también los cambios respecto a su comportamiento habitual. ¿Ha dejado de disfrutar de un paseo que antes le gustaba? ¿Le cuesta descansar? ¿Evita de pronto que le toquen una zona del cuerpo? En esos casos puede haber causas distintas, incluido dolor, y conviene consultar con el veterinario si el cambio es repentino o persiste.
Los gruñidos y otras respuestas más visibles también comunican que algo ocurre. No todos los perros muestran las mismas señales ni siguen siempre el mismo orden. Nuestro trabajo es mirar al perro completo, ofrecerle espacio cuando lo necesita y valorar qué podemos cambiar en el entorno.

