La llegada de un cachorro cambia la rutina de toda la familia. Preparar la casa antes de que llegue ayuda a que encuentre lugares donde descansar, comer y explorar con seguridad. No hace falta tenerlo todo resuelto el primer día.
Decidid qué espacios podrá utilizar y acordad unas pocas normas entre las personas de casa: dónde dormirá, qué objetos podrá morder y cómo responderéis cuando necesite atención. Cuanto más claras sean las pautas para la familia, más fácil será enseñárselas al cachorro.
Reserva un lugar tranquilo para el descanso y protege cables, productos de limpieza y objetos que pueda tragarse. Ten preparados juguetes apropiados para morder. Si busca tus manos o la ropa durante el juego, detén un momento la interacción y ofrécele una alternativa adecuada.
La socialización no consiste en presentarle a todo el mundo ni en obligarlo a interactuar. Consiste en ofrecer experiencias graduales y seguras, observando si muestra curiosidad, necesita distancia o quiere retirarse. Consulta con el veterinario qué actividades son apropiadas según su edad y su situación sanitaria.
También puedes empezar a practicar cuidados cotidianos: mostrarle el arnés, cepillarlo brevemente o tocar una pata cuando está cómodo. Reconoce su colaboración y detente si necesita una pausa. Estas pequeñas experiencias preparan el terreno para futuras revisiones y rutinas.
Habrá errores, mordisqueos y días más movidos. Observa qué necesita, ajusta el entorno y enséñale alternativas paso a paso. La educación del cachorro empieza con convivencia, descanso y oportunidades de aprender, no con exigirle que se comporte como un adulto.


